Durante dos días, Carmen Muñoz vino a la aldea donde vivía Wences Lamas para dejarse poseer por el espíritu de cuatro de sus bailaoras referentes: Fanny Elssler, ,Carmen Mora, Manuela Vargas y La Chana. De la invocación profunda de estos cuatro arquetipos nació un monstruo y de ese monstruo se destiló un baile propio. Lo que comenzó siendo un registro del movimiento de las posesiones, se convirtió en un documental que muestra maneras de hacerle terapia a una danza.
